
«Nada de lo que pueda pasar será peor que todo lo que ha venido sucediendo en los últimos días. La muerte es ya una posibilidad casi descarada.» Así comienzan las páginas de La imagen del laberinto.
Ariadna despierta del coma tras sufrir una meningoencefalitis herpética. Está casada con Fidel y son padres de un bebé de dos meses, pero ella no los reconoce, ni a ellos ni a sí misma.
Empieza un duro proceso de recuperación que arranca en el hospital, cuando aún muestra conductas impulsivas y violentas, y continúa fuera, enfrentándose a retos como cuidar a su hijo y retomar el trabajo. Al mismo tiempo, intenta rescatar un amor por Fidel que parece haber quedado destruido por la enfermedad.