No queremos polis, queremos recursos y autoridad

Entre nuestras demandas está la incorporación de más personal para garantizar una verdadera inclusión, algo que no se soluciona con presencia policial, sino recuperando el respeto y aplicando medidas sancionadoras efectivas

En medio de una ola de huelgas, manifestaciones y otras acciones reivindicativas para exigir al departamento de educación, entre otras cosas, recursos que refuercen el aprendizaje y la inclusión de nuestros alumnos, publican los medios de comunicación el supertitular: Se incorporará un mosso d’esquadra de paisano a los centros educativos catalanes. 

¡Bingo! Esos individuos que deciden desde sus confortables despachos las normas y el porvenir de aulas que no han pisado han acertado en algo: ha aumentado la conflictividad.

¿Es un policía la mejor herramienta para solucionarlo? Partamos de una base que explique la evolución de la problemática que afrontamos: cuando yo estudiaba, allá por los años 2000, si llegaba a casa contando que un profesor me tenía manía, mis padres confiaban en la profesionalidad del docente y me argumentaban el porqué.  Y como ellos hacía la mayor parte de la sociedad. Lo mismo ocurría cuando les planteaba para qué necesitaría saber quién era Kant o cuándo tuvo lugar la Revolución Francesa. Pero en la sociedad actual hay una auténtica pandemia de enterados y enteradas que cuestionan las decisiones, las palabras, la metodología, los contenidos —o saberes, no vaya a ser que se me tache de desconocedora de la terminología legal actual—. La culpa no es de los niños: como ya he comentado, siempre hemos intentado la estrategia para ver si colaba. El problema es que ahora sí cuela. Y, si mi padre o mi madre no respetan la autoridad del profesor, ¿por qué he de hacerlo yo?

Otro factor fundamental es el equipo directivo y el resto de personal del centro. Recuerdo perfectamente la queja hacia una profesora que se impulsó en mi clase en cuarto de ESO. Yo misma acompañé a la delegada al despacho de la directora. Y la odié durante muchos años por defender y respaldar a su compañera recién llegada al centro —lo dejo claro para que no parezca una cuestión de amiguismo—. Actualmente los equipos directivos te citan y, aunque se trate de la acusación más inverosímil, te interrogan y cuestionan la veracidad de tu versión, todo después de haber dejado claro a los niños que hablarán contigo. 

Y no olvidemos a los medios de comunicación, publicando auténticas blasfemias maquilladas de noticias o reportajes. O a políticos como la «señora» Esther Niubó declarando que cobramos mucho y volviendo de una baja laboral para enviar a las familias un comunicado con información de dudosa veracidad y tomando su contacto de la base de datos creada a partir de la matriculación de sus hijos. 

Ya aclaré en otro post que entre nuestras demandas está la incorporación de más personal de atención a los alumnos con necesidades específicas para garantizar una verdadera inclusión y ellos nos responden incorporando a la plantilla un mosso d’esquadra para algo que se soluciona aplicando medidas sancionadoras efectivas. Llegados a este punto, no sé si es la comprensión lingüística de los alumnos la que debo reforzar, cuando tenemos en ese nivel la de los mandatarios. 


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